El lío creció sin control desde la época de Pablo Escobar.
Una decisión fuerte, polémica y que ya está dando de qué hablar en todo el país fue la que tomó el Gobierno del presidente Gustavo Petro, al autorizar la eutanasia de varios hipopótamos que hoy tienen en jaque al medio ambiente en Colombia.
El anuncio lo hizo la ministra de Ambiente encargada, Irene Vélez, quien confirmó que esta medida busca frenar el crecimiento descontrolado de estos animales que llegaron hace décadas por culpa del narcotraficante Pablo Escobar.
Todo arrancó con solo cuatro hipopótamos que Escobar llevó a su hacienda, pero hoy el panorama es otro: la población ya supera los 200 animales y sigue creciendo sin freno.
Según datos oficiales, en 2022 había unos 170 hipopótamos, pero el número ha venido subiendo año tras año. Y ojo a esto: si no se hace nada, para el 2035 podrían ser más de 1.000 en el país.
El problema no es solo la cantidad. Estos animales, que no son nativos de Colombia, están afectando seriamente los ecosistemas, ya que alteran ríos y quebradas, ponen en riesgo especies como tortugas y manatíes, y hasta cambian la calidad del agua.
Además, al provenir de un grupo tan pequeño, hay problemas de endogamia, es decir, reproducción entre los mismos, lo que genera daños genéticos.


¿Por qué una medida tan drástica?
El Gobierno intentó otras salidas, como trasladarlos a otros países, pero la cosa no fue fácil. Naciones como Sudáfrica no quisieron recibirlos por los riesgos que representan.
Ante ese panorama, la eutanasia apareció como una de las pocas opciones viables. Según el plan, para el segundo semestre de 2026 se intervendrían cerca de 80 hipopótamos, bajo protocolos que, aseguran, serán responsables y éticos.
Además, el Gobierno destinó más de $7.000 millones para ejecutar estas acciones, que también incluyen la reubicación de algunos ejemplares y controles más estrictos.
Mientras algunos expertos apoyan la medida para proteger el medio ambiente, otros cuestionan que se llegue a sacrificar animales que, aunque invasores, ya hacen parte del paisaje en algunas regiones del país.
Lo cierto es que el problema creció durante años sin control y hoy obliga a tomar decisiones difíciles.
Así las cosas, los hipopótamos que un día fueron un capricho de narco, hoy tienen al país enfrentando una encrucijada ambiental que no da espera.


