Criado entre música y cultura, hoy destaca por su energía en la tarima y sus espectaculares trajes.
Color, baile, maquillaje y mucho sabor caleño. Así se podría describir el universo artístico de Camilo Zamora, un bailarín, diseñador y creador escénico que poco a poco se ha ganado un espacio en el mundo del espectáculo de la ciudad y del mundo.
Este artista nació en Cali, aunque parte de su infancia transcurrió en Jamundí, un lugar al que le guarda un cariño especial porque allí comenzó a descubrir su pasión por el arte.
En la Casa de la Cultura de ese municipio dio sus primeros pasos en el folclor, rodeado de maestros que, según recuerda, marcaron su camino.
Pero la influencia artística venía desde casa. Camilo creció en una familia donde el arte siempre estuvo presente. Su mamá, María Selene Escobar; su abuela, Ana Beiba Vasquez; y su tía, la recordada cantante Leonor González Mina, ‘La Negra Grande de Colombia’, fueron parte de ese entorno cultural que lo inspiró desde muy pequeño.
“En mi casa el arte siempre estuvo ahí. Mi familia me dio ese legado y ese amor por la música y el escenario”, contó.
En su adolescencia regresó a Cali y siguió explorando su talento en la danza.
Primero con el folclor colombiano y luego con otro ritmo que en la capital del Valle parece inevitable: la salsa.
Camilo asegura que la salsa también estuvo presente desde niño gracias a un tío melómano que conocía cada detalle de ese género musical. “Uno le preguntaba cualquier cosa y él sabía todo. Era como una enciclopedia de la salsa”, recordó.
Con el tiempo, ese amor por la música lo llevó a buscar un estilo propio.
Por eso decidió mezclar el folclor con la salsa, dos universos que hoy hacen parte de su propuesta artística. Los sonidos del Pacífico, los violines caucanos, la marimba y el cununo también han influido en su trabajo, algo que él relaciona con sus raíces familiares.


Otra gran pasión
Pero su creatividad no se quedó solo en el baile. Desde joven también descubrió otra pasión: la moda y el diseño.
Esa inspiración nació al ver a su abuela, una mujer que siempre destacaba por su estilo, su gusto por el color y su forma de arreglarse.
“Ella siempre estaba impecable, con maquillaje, pelucas, chales… tenía una originalidad muy bonita y eso me llamó mucho la atención”, recordó.
A partir de ahí comenzó a dibujar, a imaginar vestuarios y a experimentar con colores y formas. Con el tiempo, esa curiosidad terminó convirtiéndose en otra parte importante de su carrera artística: diseñar muchos de los trajes que usa en sus presentaciones.


Dos personalidades en un solo cuerpo
Para Camilo, el vestuario no es un simple complemento, sino una extensión de su personalidad en escena. Y es que, según cuenta, arriba del escenario aparece una versión muy distinta de lo que es él.
“En la vida diaria soy un Camilo tranquilo, muy relajado, me río de todo y disfruto con mi familia y mis amigos. Pero cuando me maquillo, me pongo el vestuario y salgo a la tarima, aparece otro personaje”, explicó.
Ese personaje es un alter ego que le permite expresarse con libertad, jugar con la estética y transformarse frente al público.
Camilo dice que el escenario es el único lugar donde realmente puede ser todo lo que quiere ser, sin que existan prejuicios.
“En la vida cotidiana la gente juzga por muchas cosas: el color de piel, la edad, la forma de vestir o de pensar. En la tarima no. Allí uno puede ser camaleónico y explorar muchas formas de arte”, aseguró.
Esa libertad es la que lo motiva a darlo todo en cada presentación. Para él no existen espectáculos pequeños. “Así haya dos personas en el público, para mí es igual de importante”, dijo.


Está en todo lado
En los últimos años su trabajo ha ganado mayor visibilidad en la ciudad y en diferentes partes del mundo a donde ha sido invitado para mostrar su ‘arte’.
Su imagen ha aparecido en vallas publicitarias, campañas culturales, espectáculos como Delirio e incluso en las tarjetas del MÍO, algo que muchos caleños han notado.
Sin embargo, Camilo insiste en que la fama no debe cambiar la esencia de un artista.
“Nunca me las he creído. El ego mata el talento. Cuando alguien se siente demasiado arriba, deja de esforzarse”, afirma el artista.
Por eso procura mantener los pies sobre la tierra y recordar siempre de dónde viene. “Me encanta saludar a la señora de la esquina que me dice que me vio en una valla o en televisión. Yo sigo siendo el mismo ciudadano de a pie”, comentó.
Gran parte de esa filosofía se la atribuye a su mamá, quien siempre le ha repetido que la humildad es clave para avanzar en la vida.
Además de su familia, otra de sus grandes inspiraciones es su sobrino Jerónimo Zapata, quien se siente orgulloso de verlo en escenarios y en campañas publicitarias.
“Él le cuenta a todo el mundo en el colegio que su tío sale en vallas o en películas, y eso me motiva mucho”, dice entre risas.
Cuando le preguntan hasta dónde quiere llegar con su carrera, Camilo reconoce que no tiene una respuesta exacta.
Prefiere dejar que el camino se vaya construyendo con el trabajo diario.
“Cada vez que uno cumple un sueño aparece otro. Lo importante es seguir creando”, aseguró.
Por ahora, este artista caleño seguirá haciendo lo que más le apasiona: bailar, diseñar, crear personajes y llenar de color los escenarios, siempre con el sello alegre y creativo que caracteriza a Cali.





