La Ascensión no es “una promesa lejana”, sino “un vínculo vivo” –

El Papa León XIV explicó este domingo, durante el rezo del Regina Coeli, que la Solemnidad de la Ascensión no debe entenderse como «una promesa lejana» sino como una realidad viva, presente ya «en esta vida».

“La Ascensión, entonces, no nos muestra una promesa lejana, sino un vínculo vivo, que nos atrae también a nosotros hacia la gloria celestial, ampliando y elevando —ya desde esta vida— nuestro horizonte y acercando cada vez más nuestro modo de pensar, de sentir y de actuar a la medida del corazón De Dios”, afirmó León XIV, asomado como cada domingo al balcón de su estudio privado en el Palacio Apostólico.

Al referirse a la escena bíblica, que presenta a Jesús elevándose desde la tierra sube al cielo, constató que «puede hacernos percibir este Misterio como un acontecimiento lejano». «En realidad, no es así”, exclamó al inicio de su reflexión.

De este modo, afirmó que Cristo no se separa de la humanidad, sino que la introduce en la comunión con el Padre. “Nosotros, de hecho, estamos unidos a Jesús como los miembros a la cabeza, en un solo cuerpo, y su ascensión al cielo nos atrae también, con Él, hacia la plena comunión con el Padre”.

El Pontífice profundizó en el dinamismo espiritual que encierra toda la vida de Cristo, afirmando que toda la vida de Cristo es «un dinamismo ascendente, que abraza y envuelve, a través de su humanidad, todo el escenario del mundo, elevando y redimiendo al hombre de su condición de pecado”, llevando “luz, perdón y esperanza allí donde había tinieblas, injusticia y desesperación”.

Asimismo, señaló que este itinerario se hace visible en la vida de los santos y en la experiencia cotidiana de muchos fieles.

Hizo referencia tanto a los grandes modelos de santidad como a aquellos cristianos sencillos que viven su fe en lo cotidiano: «de la puerta de al lado», como decía el Papa Francisco, citando la exhortación Gaudete et exsultate.

Se trata, explicó, de personas con las «que vivimos cada día —papás, mamás, abuelos, personas de todas las edades y condiciones—, que con alegría y compromiso se esfuerzan sinceramente por vivir según el Evangelio».

En esta línea, el Papa animó a los fieles a dejarse acompañar por estos testimonios de vida cristiana: “Con ellos, con su apoyo y gracias a su oración, podemos aprender también nosotros a subir día a día hacia el cielo”.

Así, los creyentes están llamados a hacer crecer en sí mismos “la vida divina que recibimos en el bautismo y que nos impulsa constantemente hacia lo alto, hacia el Padre”, difundiendo en el mundo frutos de “comunión y de paz”.

El Papa concluyó confiando este camino a la intercesión de la Virgen: “Que nos ayude la Virgen María, Reina del Cielo, que en todo momento ilumina y guía nuestro caminar”.

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