El terremoto también dejó heridas en la mente: Cali refuerza atención psicológica

Ansiedad, miedo, estrés y angustia siguen acompañando a muchos sobrevivientes del sismo del 10 de agosto.

El terremoto del pasado 10 de agosto no solo dejó viviendas averiadas, familias damnificadas y calles llenas de escombros. También dejó una huella que no siempre se ve: el miedo, la angustia y el estrés que muchos caleños siguen cargando después del fuerte movimiento de tierra.

Para algunos sobrevivientes, cada ruido, movimiento o vibración vuelve a despertar el temor de que la tierra vuelva a sacudirse. Otros enfrentan la pérdida de sus viviendas, familiares o pertenencias, mientras intentan recuperar poco a poco la tranquilidad.

Por eso, la Alcaldía de Cali mantiene activa una red de atención psicológica y psicosocial, con equipos desplegados en diferentes puntos de la ciudad y, especialmente, en los albergues temporales.

La Secretaría de Salud explica que después de una emergencia de estas características es normal que aparezcan manifestaciones como ansiedad, estrés, miedo y temor constante, las cuales pueden mantenerse durante dos o tres semanas.

La médica Diana Marcela Porras, del programa de Salud Mental de la Secretaría de Salud Distrital, explicó que desde las primeras horas de la emergencia se activaron equipos para acompañar a las personas afectadas.

La atención incluye contención emocional, primeros auxilios psicológicos, gestión del duelo y acompañamiento a familiares de las víctimas fatales.

Una ayuda para quienes sienten que no pueden más

Uno de los lugares donde se concentra esta atención es el Coliseo de Hockey, convertido en albergue para personas que tuvieron que abandonar sus viviendas por seguridad.

Hasta allí llegó Leonardo Castaño, un reciclador de oficio que buscaba ayuda porque la angustia que siente desde el terremoto no le da tregua.

Leonardo contó que ya enfrentaba dificultades personales y de salud antes del sismo y que durante el movimiento sufrió un fuerte golpe en la cabeza.

“Perdí la visión en un ojo hace varios meses y estoy a punto de perder el otro, y saber que perdí todo y que estoy solo me duele en el alma”, relató.

En medio de esa situación encontró a psicólogos, terapeutas ocupacionales y trabajadores sociales que lo escucharon y le brindaron acompañamiento.

“Me he sentido bien atendido, me ha ayudado y escuchado y eso me da serenidad”, aseguró.

Historias como la de Leonardo muestran que la emergencia no termina cuando deja de moverse la tierra. Para muchas familias, el verdadero reto comienza después, cuando deben enfrentar las pérdidas y tratar de reconstruir su vida.

Equipos especializados brindan primeros auxilios psicológicos, contención emocional y acompañamiento en la gestión del duelo en albergues, puntos de rescate y zonas comunitarias.

162 personas atendidas en el albergue

La Secretaría de Salud también adelanta una caracterización de las personas que permanecen en los alojamientos temporales.

En el Coliseo de Hockey se habían registrado 162 personas, según el balance entregado por la médica Porras. Allí se realiza tanto atención en salud mental como vigilancia epidemiológica para identificar otras necesidades de los damnificados.

Además, funciona un equipo psicosocial que trabaja de manera articulada con otras dependencias de la Administración Distrital.

Pero los damnificados no son los únicos que necesitan apoyo. Quienes están trabajando durante largas jornadas para atender la emergencia también pueden experimentar agotamiento y afectaciones emocionales.

Por eso se habilitó el denominado ‘cuidado al cuidador’, dirigido a funcionarios y equipos que permanecen en los puntos de atención.

También hay ‘Escuchadero’

La atención no está concentrada únicamente en el Coliseo de Hockey.

La Alcaldía mantiene activos puntos en Chiminangos y el Coliseo El Pueblo, donde también se ofrecen servicios de acompañamiento.

En el Coliseo El Pueblo funciona un ‘Escuchadero’, espacio al que pueden acudir damnificados, familiares y funcionarios que participan en las labores de emergencia.

La idea es sencilla, pero importante: que nadie tenga que cargar solo con lo que está sintiendo.

Las autoridades recuerdan que sentir miedo, tristeza, ansiedad o estrés después de un desastre natural puede ser una reacción esperada. Sin embargo, si estas emociones se intensifican, permanecen durante mucho tiempo o comienzan a afectar la vida cotidiana, es importante buscar ayuda profesional.

Se mantiene acompañamiento presencial a familias, damnificados y al personal de primera respuesta que atiende la emergencia.

Cuatro casos de alto riesgo

La Secretaría de Salud también entregó un dato sobre el seguimiento realizado hasta ahora.

Según la médica Diana Porras, se han identificado cuatro usuarios con patologías mentales de alto riesgo, por lo que fueron activadas las rutas correspondientes de atención en salud mental y otras áreas requeridas.

Esto demuestra la importancia de no minimizar las consecuencias emocionales de una emergencia.

El llamado de las autoridades es a hablar, buscar apoyo y acudir a los puntos de escucha disponibles cuando la angustia resulte difícil de manejar.

Después de un terremoto, reconstruir una vivienda puede requerir ladrillos, cemento y maquinaria. Pero reconstruir la tranquilidad de una persona requiere algo diferente: tiempo, acompañamiento y alguien dispuesto a escuchar.

Por eso, mientras Cali continúa levantándose entre escombros y reparaciones, la Administración insiste en que la recuperación también debe mirar hacia adentro. Porque las heridas que dejó el terremoto no siempre están en las paredes; algunas están en la mente y en el corazón de quienes todavía tienen miedo de que vuelva a temblar.

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