Tras el aumento del salario mínimo, empresas revisan contratos y endurecen criterios de contratación

Luego de la histórica subida del salario mínimo en Colombia hasta cerca de 2 millones de pesos, varios sectores productivos han empezado a ajustar sus estructuras salariales, esquemas de contratación y condiciones laborales, lo que en la práctica está llevando a las empresas a ser más exigentes al momento de seleccionar nuevos empleados y replantear sus opciones de contratación.

Un empleo más costoso y más exigente

El incremento del salario mínimo legal vigente para 2026, fijado originalmente por decreto en un 23,7 %, ha generado un cambio profundo en la manera en que muchas compañías planifican su fuerza laboral. Aunque el debate legal sigue y el Consejo de Estado ordenó ajustes técnicos al decreto sin detener su aplicación, el impacto ha sido real para la operación empresarial.

Lo que muchas organizaciones están experimentando es que no basta con pagar el nuevo mínimo: también deben asumir mayores costos en prestaciones sociales y cargas laborales, lo que ha obligado a las áreas de recursos humanos a revisar qué puestos pueden contratar, bajo qué condiciones y con qué beneficios complementarios.

¿Qué significa esto para quienes buscan empleo?

  • Las empresas ahora evalúan con más rigor a los candidatos, priorizando habilidades específicas, experiencia comprobada y mayor productividad para justificar el costo de una nueva contratación.
  • Los puestos con salarios cercanos al mínimo legal pueden ser sustituidos por esquemas mixtos de compensación que combinan salarios con beneficios no constitutivos de salario, como alimentación o dotaciones, para aliviar la carga financiera interna.
  • En algunos sectores, sobre todo pequeñas y medianas empresas, la decisión de contratar o incluso mantener el personal actual depende ya no solo del costo del salario legal sino de todo lo que implica en aportes y cargas laborales adicionales.

Estrategias empresariales ante la nueva realidad

Aunque los empleadores no están prohibiendo contratación, sí han empezado a implementar medidas para controlar sus gastos laborales sin sacrificar competitividad:

  • Revisiones de contratos existentes para garantizar que estén alineados con la nueva base salarial.
  • Exploración de beneficios no salariales que no incrementan la base de prestaciones, como incentivos, bonificaciones o herramientas de trabajo, para mejorar paquetes sin elevar costos legales directos.
  • Evaluación más estricta de candidatos al momento de abrir vacantes, con criterios más altos de productividad y roles más definidos.

Un mercado con más presión, pero no necesariamente menos empleo

El fenómeno no significa, por sí mismo, que vaya a haber desempleo generalizado. Sin embargo, el mayor costo laboral y la presión financiera pueden llevar a algunas organizaciones a replantear qué tipo de perfiles contratan, priorizando puestos técnicos, especializados o estratégicos por encima de otros más genéricos.

Además, los expertos señalan que las pequeñas y medianas empresas sienten este impacto con más fuerza, porque tienen menos margen financiero para absorber incrementos altos en costos laborales.

Lo que sigue para trabajadores y candidatos

Para quienes buscan empleo en este contexto es clave:

  • Diferenciarse con habilidades concretas y experiencia, que ayuden a justificar salarios más altos desde el inicio.
  • Considerar formas creativas de compensación total, como beneficios, capacitación o flexibilidad horaria.
  • Entender que el mercado laboral está en un momento de ajuste, donde el valor agregado y la adaptabilidad cuentan tanto como la negociación salarial.

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