Miradores, rutas de grafiti y emprendimientos locales lideran una estrategia que atrae a más de 7.000 visitantes mensuales al corazón de la ladera.
En las empinadas calles de la Comuna 20 de Cali, específicamente en el emblemático sector de Siloé, se está gestando una revolución social que busca cambiar para siempre la narrativa del territorio. El turismo de base comunitaria ha emergido como la herramienta más potente para dinamizar la economía local, permitiendo que tanto habitantes como visitantes redescubran la ladera desde una perspectiva de resiliencia, arte y cultura urbana. Este proceso es el resultado de un esfuerzo articulado entre la Secretaría de Turismo de Cali, el Viceministerio de Turismo y el Fondo Nacional de Turismo.
El objetivo central de esta alianza institucional es fortalecer las iniciativas que los mismos líderes barriales han defendido durante décadas en sus sectores. Hoy, la oferta turística es variada y robusta, incluyendo paradas obligatorias en lugares con gran carga histórica y estética como la Casa de la Culebra, la Calle de la Poesía y el icónico sector de La Estrella. Estos espacios no solo ofrecen una de las mejores vistas panorámicas de la capital del Valle, sino que sirven como lienzos para murales urbanos que cuentan las memorias del barrio.


Uno de los atractivos que más fuerza ha tomado en el último año es la denominada Trepatón. Esta actividad consiste en una caminata que fusiona el ejercicio físico con recorridos culturales por los callejones más significativos de la zona. Según cifras entregadas por Ricardo Sánchez, líder comunitario de la zona, el crecimiento ha sido exponencial: en diciembre de 2025, cerca de 7.000 personas ascendieron a la comuna, y en los primeros meses de 2026 la cifra se mantiene entre 4.000 y 7.000 visitantes mensuales.
La participación de la comunidad es el motor que impulsa estos números. Colectivos como el Grupo Popular de Siloé y el club de la cancha grande de La Estrella trabajan diariamente para que el visitante se sienta en un entorno seguro y acogedor. Para Laura María Álzate, participante activa de estos recorridos, el propósito es claro: lograr que tanto propios como extranjeros se lleven un “estigma diferente” del lugar, reconociendo la riqueza humana que habita en la montaña y alejándose de los prejuicios históricos.
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La transformación también ha llegado al interior de los hogares de Siloé. Un ejemplo destacado es Mavilu Coffee Shop, un emprendimiento liderado por Víctor Pérez, quien tomó la decisión de transformar su propia vivienda en un punto de encuentro cultural. Este establecimiento es mucho más que una cafetería; funciona como una galería de arte donde los artistas y artesanos de la Comuna 20 pueden exhibir y vender sus productos, desde pinturas y bolsos hasta café de origen procesado localmente.
Este tipo de negocios diferenciales están enlazados con las rutas de los colectivos turísticos, creando un ecosistema de apoyo mutuo que beneficia a múltiples familias de la ladera. Marco Antonio Flor Tabares, líder de planificación turística de la ciudad, enfatizó que el verdadero protagonista de este cambio es el habitante de la zona. La intervención del Estado se ha centrado en mejorar la señalética, los puntos de encuentro y la promoción de los emprendimientos para que la prosperidad económica llegue directamente a los hogares del sector.


Con la mejora en la infraestructura y el fortalecimiento de la autogestión comunitaria, Siloé se proyecta como un destino de talla internacional similar a las experiencias exitosas de favelas en Brasil o comunas en Medellín. La combinación de arte urbano, gastronomía popular y deporte recreativo ha convertido a la Comuna 20 en un laboratorio de convivencia. Quienes recorren hoy estos senderos no solo ven fachadas coloridas, sino que participan en la reconstrucción del tejido social de una de las zonas más vibrantes de Cali.
La invitación de los líderes locales es a participar en la competencia deportiva anual de cinco kilómetros o en las caminatas de los últimos viernes de cada mes. Al final del día, el turismo comunitario en Siloé no es solo una transacción económica, sino un acto de reconocimiento mutuo entre una ciudad y su ladera. El pasado de exclusión está siendo reemplazado por un presente lleno de color, sabor y nuevas oportunidades para los jóvenes que ven en el turismo un proyecto de vida digno y sostenible.



