Con un incremento del 14 % en las sanciones, el porte de armas blancas y el desacato a la autoridad lideran las faltas al Código de Policía en la Sucursal del Cielo.
El panorama de la convivencia en Cali ha dado un giro estadístico significativo durante el último año. Según los datos más recientes del Observatorio de Seguridad, entre el 1 de enero y el 12 de octubre de 2025, la imposición de comparendos por comportamientos contrarios a la convivencia aumentó un 14 %. Mientras que en el mismo periodo de 2024 se registraron 104.566 sanciones, la cifra en 2025 escaló a 121.736 reportes, convirtiéndose en el año con mayor operatividad administrativa en la historia reciente de la ciudad bajo la gestión de la Secretaría de Seguridad.
Desde la administración municipal, se ha enfatizado que este incremento es el resultado de un ejercicio de transparencia y monitoreo constante a través de un tablero público disponible 24/7. Sin embargo, surge el interrogante de si la ciudadanía caleña está siendo más indisciplinada o si, por el contrario, la Policía Metropolitana ha fortalecido sus mecanismos de detección. Para la Secretaría, estas cifras permiten tomar medidas focalizadas en los territorios más críticos para mejorar el comportamiento ciudadano a largo plazo.


Expertos en seguridad y paz, como Felipe Fernández, sugieren que el aumento de las cifras no necesariamente indica un deterioro del tejido social. Según el consultor, cuando las autoridades incrementan su capacidad operativa, se amplía automáticamente el registro de conductas que antes pasaban desapercibidas. “No es que haya más infractores, sino que hay más ojos institucionales mirando”, explicó Fernández, destacando que el fortalecimiento de la presencia estatal hace que conductas habituales, como el porte de sustancias, se vuelvan visibles para la estadística oficial.
Por otro lado, Héctor Herrera, experto en seguridad y exuniformado, advierte que el aumento también podría obedecer a una presión por estadísticas operativas dentro de la institución. Herrera señala que, en ocasiones, la rigidez del Código de Policía no distingue contextos cotidianos, como el de los trabajadores de la galería Santa Elena que portan herramientas cortantes por su oficio, lo que infla los números sin que necesariamente se trate de un delincuente en potencia.
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El reporte del Observatorio detalla que la mayoría de los comparendos impuestos en 2025 se concentran en tres comportamientos específicos que afectan la tranquilidad de los barrios:
| Comportamiento | Número de Comparendos |
| Porte de armas blancas/cortopunzantes | 47.439 |
| Desacato o irrespeto a la autoridad | 32.478 |
| Posesión de sustancias psicoactivas | 25.624 |
El porte de armas blancas representa el mayor desafío para la convivencia, siendo una conducta que, aunque no es un delito per se, es vista por las autoridades como un factor de riesgo que puede escalar a riñas fatales. El elevado número de sanciones por desacato a la autoridad también refleja una tensión creciente entre la ciudadanía y los uniformados durante los procedimientos de control en las comunas de la periferia y el centro.
La Secretaría de Seguridad ha defendido el uso del tablero de control como una herramienta esencial para la toma de decisiones. Al identificar que el porte de armas blancas es la infracción reina, se pueden diseñar campañas de desarme preventivo y cultura ciudadana en sectores específicos. No obstante, expertos como Herrera insisten en que el código debe adaptarse a la realidad local para evitar que ciudadanos trabajadores terminen sancionados por portar navajas de uso laboral, garantizando que el control se centre en quienes realmente representan una amenaza para la caleñidad.


Finalmente, el debate sobre si el 2026 seguirá esta tendencia de “mano dura” administrativa continúa abierto. Con la llegada de nuevos mandos policiales y la implementación de tecnologías de reporte ciudadano, se espera que la visibilización de las infracciones siga en aumento. El reto para la Alcaldía de Cali será traducir estos miles de comparendos en una reducción efectiva de los índices de violencia, asegurando que la convivencia en los parques y espacios públicos sea una realidad tangible para todos los habitantes del Valle.



