Han pasado cuatro años desde el colapso parcial de la Capilla de la Inmaculada.
La restauración de la Capilla de la Inmaculada, una de las joyas arquitectónicas más queridas por los caleños y ubicada en el tradicional Complejo Religioso de San Francisco, continúa avanzando, aunque todavía no existe una fecha definida para su reapertura.
Han pasado cuatro años desde que el colapso parcial de dos de sus muros obligó a cerrar este emblemático espacio patrimonial.
Desde entonces, muchos ciudadanos se preguntan por qué las obras avanzan tan lentamente y cuándo volverá a abrir sus puertas uno de los sitios más representativos del centro histórico de Cali.
La respuesta, según los expertos, está en la complejidad de la intervención. Juan Pablo Arias, arquitecto encargado del proceso de restauración, explicó que se trata de un proyecto altamente especializado, donde cada decisión debe estar respaldada por estudios técnicos, históricos y estructurales que garanticen la conservación de un bien considerado patrimonio cultural.


La Torre Mudéjar
Uno de los hallazgos más importantes durante el proceso tiene que ver con la reconocida Torre Mudéjar, considerada uno de los íconos arquitectónicos del complejo religioso.
Esta torre es una joya de 23 metros de altura decorada con intrincados diseños en ladrillo cortado de estilo árabe-musulmán, lo que era inusual en la arquitectura colonial católica de la época.
Aunque la torre funciona de manera independiente a la capilla desde el punto de vista estructural, los análisis determinaron que debe hacer parte integral del proyecto de restauración y reforzamiento.
“Parte importante de la capilla es la famosa Torre Mudéjar. Debe estar involucrada dentro del proyecto para que toda la intervención funcione de manera integral”, explicó Arias.
Eso sí hay que tener en cuenta que debido a que la Capilla de la Inmaculada está catalogada como Bien de Interés Cultural, cualquier modificación requiere autorización del Ministerio de Cultura y la participación de especialistas en conservación patrimonial.
Por eso, el proceso no depende únicamente de la construcción física.
También intervienen investigaciones históricas, análisis de materiales, estudios sísmicos y evaluaciones estructurales que permitan garantizar que la restauración respete la esencia original del inmueble.
Lo que se ha hecho
La recuperación fue dividida en tres etapas. La primera, denominada de ‘primeros auxilios’, ya fue completada en su totalidad. Durante esta fase se instalaron estructuras metálicas de protección y una gran cubierta que actualmente rodea la capilla.
Estas obras fueron diseñadas para evitar que el clima y otros factores aceleraran el deterioro del edificio mientras se desarrollan los estudios.
“El sistema funciona como una especie de exoesqueleto que protege la construcción afectada”, explicó el arquitecto.
Además, la cubierta fue diseñada con suficiente altura para poder permitir que los futuros trabajos de restauración se realicen sin afectar los elementos patrimoniales.
La inversión realizada en esta primera etapa superó los $1180 millones.
El Ministerio de Cultura aportó cerca de $500 millones, mientras que la comunidad franciscana destinó aproximadamente $680 millones para salvaguardar el inmueble.
Actualmente, el proyecto se encuentra en la segunda fase, enfocada en los estudios técnicos y en la elaboración de los diseños definitivos que permitirán establecer cómo será la reconstrucción.


No hay fecha establecida
Según Arias, todavía no es posible hablar de fechas porque primero deben conocerse los resultados finales de estas investigaciones y el presupuesto total que demandará la obra.
“Hasta no tener claro el proceso constructivo y los recursos necesarios, no podemos establecer un cronograma definitivo”, señaló el arquitecto .
Por su parte, el fraile Diego Alexánder Girón Montoya, rector del Templo de San Francisco y de la Capilla de la Inmaculada, reconoció que la espera ha sido larga y que la comunidad siente nostalgia al ver cerrado este importante símbolo religioso de la ciudad.
“A nosotros también nos duele ver la capilla así, pero detrás hay muchos estudios y trabajos que no siempre son visibles para la ciudadanía”, afirmó.
El religioso indicó que una comisión de expertos continúa desarrollando las investigaciones necesarias para avanzar hacia la tercera y última fase de la restauración.
Mientras tanto, el Complejo Religioso de San Francisco continúa funcionando normalmente y de manera segura a pesar de los trabajos que allí se llevan a cabo.
El templo principal permanece abierto y allí se siguen celebrando misas, bautizos, primeras comuniones y demás actividades pastorales.
Aunque la espera continúa, arquitectos y líderes religiosos coinciden en que el objetivo es devolverles a los caleños una capilla restaurada, segura y respetuosa con la historia de uno de los patrimonios más valiosos de la ciudad.


