
En un mensaje dirigido a los jóvenes universitarios, el secretario general del CELAM, Mons. Lizardo Estrada, aseguró que “la excelencia profesional es importante, pero no basta con saber hacer, es esencial saber ser”.
Las palabras del prelado se enmarcaron en el Encuentro Internacional por la Paz y la Reconciliación, celebrado a inicios de marzo en la Universidad Loyola Chicago, y que tuvo como objetivo reflexionar académicamente sobre caminos para la construcción de paz en el continente.
“Aquí no solo adquirieron conocimientos, sino que se formaron para aportar a la transformación del mundo. Culminar una etapa académica es alcanzar una meta, pero también es asumir una misión”, dijo el también Obispo Auxiliar del Cusco (Perú) a los jóvenes.
“Sean íntegros cuando nadie los ve, valientes cuando la verdad incomoda y solidarios cuando es más fácil mirar hacia otro lado”, añadió.
Además, remarcó el papel de los universitarios en la transformación de la sociedad, especialmente en América Latina y el Caribe, animándolos a comprometerse con cada una de sus comunidades. “En cualquier comunidad estarán llamados a ser promotores de ética y compasión”, aseguró.
En ese sentido, llamó a cada uno de los jóvenes a regresar a sus localidades con la disposición de “extender puentes, escuchar el grito de los pobres y de la tierra, construir el futuro y cuidar a las personas”.
La universidad, los docentes y el bien común
Mons. Estrada comparó a los académicos de la Universidad Loyola Chicago con “artesanos” que acompañan la formación de los jóvenes, que deben ayudar a revelar el potencial de cada uno de ellos.
“Desde su rol de maestros han sido muy generosos al entregar a cada joven el conocimiento que han cultivado con el tiempo y la investigación, convirtiéndose en referentes para las nuevas generaciones”, dijo.

“El saber es importante, pero sólo tiene sentido si es útil. No basta sumar saberes para beneficiar a unos pocos”, añadió el obispo, subrayando el valor del conocimiento cuando se pone al servicio de todos.
En ese sentido remarcó que “el saber debe ponerse al servicio de las comunidades, en especial de los más pobres. Se trata de globalizar el conocimiento y ponerlo al servicio del bien común”, para ayudar a los universitarios a que su corazón “arda con fuerza, en medio de los dolores del continente, siempre con el firme deseo de aportar a la construcción de la justicia y la paz”.



