Colombia enfrenta una paradoja laboral en el inicio de 2026. Mientras el país celebra una reducción histórica del desempleo interno al 7,0%, un reciente informe de la OCDE sitúa a la nación entre los miembros con menor tasa de ocupación (64,4%). La alta informalidad y las brechas de género siguen siendo los lastres que impiden que el país despegue al ritmo de las economías más desarrolladas del bloque.
Colombia se encuentra en una encrucijada económica que genera sentimientos encontrados. En las últimas horas, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicó su balance trimestral de empleo, y los resultados dejan al país en una posición agridulce. Aunque somos uno de los países que más ha crecido en generación de puestos de trabajo de forma interanual, seguimos ocupando los últimos lugares en cuanto al porcentaje de personas en edad de trabajar que efectivamente tienen un empleo.
Con una tasa de ocupación del 64,4%, Colombia se ubica por debajo del promedio de la organización (70,3%), superando apenas a países como Costa Rica, México y Turquía. Esta cifra es un llamado de atención sobre la calidad y la sostenibilidad del mercado laboral colombiano frente a sus pares globales.
El contraste: Cifras récord pero insuficientes
Para entender este fenómeno, hay que mirar más allá de los titulares. Según los datos del DANE de finales de 2025, Colombia alcanzó un hito al reducir su desempleo a niveles no vistos en décadas. Sin embargo, en el tablero internacional de la OCDE, el problema no es solo quiénes no tienen trabajo, sino cuántos están fuera del sistema productivo formal.
Los factores que explican este rezago son estructurales y tienen un rostro humano muy claro:
- La barrera de la informalidad: Casi el 55,4% de los trabajadores en Colombia operan en la informalidad. Esto significa que, aunque «trabajan», no cuentan con seguridad social ni estabilidad, una realidad que en países como Japón o Alemania es mínima.
- Brecha de género persistente: A pesar de las mejoras, el desempleo femenino (9,1%) sigue siendo significativamente mayor al masculino (5,5%), lo que deja a millones de mujeres fuera de la tasa de ocupación efectiva.
- El muro juvenil: Colombia registra una de las brechas más amplias en desempleo juvenil de la OCDE, con dificultades críticas para que los graduados se inserten en su primer empleo formal.
¿Por qué nos cuesta tanto alcanzar a la OCDE?
Los analistas señalan que la baja productividad es el gran enemigo silencioso. Un trabajador promedio en la OCDE produce mucho más por hora que un trabajador en Colombia, debido a factores como la falta de tecnificación, la escasez de talento especializado y un tejido empresarial compuesto mayoritariamente por micro-negocios de baja escala.
Además, el incremento del salario mínimo y los costos no salariales han generado, según algunos expertos, una «barrera de entrada» para la formalización. Las empresas prefieren mantenerse pequeñas o informales antes que asumir la carga de un contrato de ley, lo que estanca la tasa de empleo real del país.
El camino hacia 2026: ¿Qué esperar?
El desafío para lo que resta del año no es solo bajar el desempleo, sino formalizar el trabajo. La meta del Gobierno y del sector privado debe ser transformar esos empleos de «rebusca» en puestos de calidad que aporten a la seguridad social.
Si Colombia quiere dejar de ser el «colero» de la OCDE, necesita más que cifras optimistas del DANE; requiere una política agresiva de educación pertinente y una reducción de las barreras para que contratar formalmente sea una inversión y no un riesgo. El potencial está, pero el sistema aún no logra absorber a toda la fuerza laboral que busca una oportunidad digna.



